ENLAPUTACALLE

Los satelukos hemos creado este blog para que todos podamos votar y seleccionar el mejor discurso de despedida, porque aquí sí podemos elegir. Ya sabéis que en el satélite cada día echan a un compañero, así que no perdáis la oportunidad de decir la última palabra. Que no nos gane la desidia. ¿Quién se atreve a romper el silencio?

Tuesday, April 18, 2006

SONYTEL DEJA DE SER DTB DE CSD O DTS


Llevo siete años soñando con este momento, siete años de lucha sin descanso ni tareas administrativas, y hoy por fin, el jefe de personal me ha llamado a su frío despacho, dice que me echa por bajada de producción; es una razón como otra cualquiera, pero intuyo que mis supervisores nunca se han fijado demasiado en mí o sabrían la lista de aventuras dignas de despido que he protagonizado durante esta dulce etapa de mi vida:
En 1998 era joven y nada inocente, me quedaba currando hasta las doce de la noche para ganar el plus de transporte y colgar a casi todos los clientes que llamaban entre las 23 horas y las 00:00. Mis compis y yo aprovechábamos (la ocasión) para pedir unas pizzas y nuestra supervisora nos pasaba unos juegos por correo electrónico, ¡estuve realmente enganchada al solitario!
Cuando el pitido agujereaba nuestras orejitas, a eso de las doce menos cuarto, repetíamos nuestra despedida nocturna favorita antes de colgar al cliente:
- Gracias por su mamada, buenas noches.
En 1999 el grupo Prisa conseguía un millón de abonados, a nosotros nos trasladaban a Mirasierra y cada vez ganábamos menos: allí empezaron las huelgas, los gritos (¡un millón de abonados y nosotros tan quemados) en la puerta del satélite 2 y las llamadas a los compañeros del satélite 1 para que nos informaran del seguimiento de la huelga. Era una buena época, el 99% de los satelucos hacíamos huelga, ahora todo ha cambiado, algunos de nuestros compañeros han ascendido a puestos de gran responsabilidad y de un salario altísimo, creo que ganan unos 40 euros más que nosotros, así que comprenderéis que la mayoría de ellos se queden en sus asientos y no bajen a la calle…
Nunca olvidaré el cambio de milenio en el satélite junto a Ronny, Mirasierra, 1 de enero de 2000, nuestra resaca era más grande que el siglo XX (comparación dedicada a Jato Power) y en los albores del siglo XXI éramos incapaces de atender una llamada correctamente, así que decidimos comunicar a todos los abonados que el efecto 2000 nos había dejado sin conexión con el Astra y que llamaran al día siguiente, si no les importaba, mejor por la mañana, por supuesto. Eran 16:00 (hora data), las dos muy despeinadas, recostadas en las sillas, alargábamos las manos con expresión patética y tratábamos de alcanzar el teclado. Esa noche, antes de salir y de bajar las escaleras casi rodando, las dos hicimos un juramento sellado con red bull: jamás volveríamos a trabajar el día de año nuevo.
Antes de trasladarnos de nuevo al edificio del Satélite 1, pasamos un montón de noches saliendo un cuarto de hora antes con la excusa de pillar el último buseto (expresión robada a "La Mari de Coslá"). Un día Silvi y yo nos pedimos un pase a media tarde y pasamos hasta del bus. Recuerdo que vino su padre a recoger los pedazos de lo que quedaba de nosotras. Habíamos pasado el fin de semana en Granada y llegamos al trabajo sin dormir, tarde y con la ropa arrugada. Éramos un verdadero cuadro, pero, ¡tan felices!
Tampoco entiendo la razón por la que no me marché a la puta calle el día en el que Barri y yo estuvimos escuchando la radio en el puesto: la fatídica primavera en la que el PP ganó las elecciones. Fue una tarde muy triste; pero a pesar de la derrota electoral, logramos mantener la dignidad y no tener un No- listo demasiado alto. ¡Cuánta profesionalidad!
A veces nos quedábamos por ahí comiendo y llegábamos una hora tarde, borrachos, pero ni nos amonestaban, y eso que a la media hora nos pedíamos un pase, nadie nos preguntaba el motivo. Ahora tenemos que hacer un preaviso y si no se te ha muerto alguien cercano (pero mazo cercano), es muy posible que te amonesten.
Los supervisores eran unos auténticos borrachos, casi todos los fines de semana salíamos con ellos a cualquier antro de Madrid, el garrafón no era lo que es ahora, o nuestros cuerpos lo resistían mejor, ¡tantos sábados sin dormir, tantos domingos en Taquilla haciendo litigios!
¡Tantos compañeros liándose en los servicios de la segunda planta!
Echo de menos esa época, por eso no me importa reconocerlo: he pasado siete años de mi vida en un lugar donde hacíamos de todo menos trabajar, nunca ha sido un trabajo de adulto (Ceki dixit), eso sí, ¡cómo lo hemos pasado! El sueldo, bajo, muy bajo, pero compensaba por todos los derechos adquiridos de los que disfrutábamos:
Acceso ilegal a Internet con las claves de algún pringao al que habían despedido.
CMD abierto con cualquier compañero que estuviera conectado, conversaciones a cuatro manos, declaraciones de amor, kedadas en los servicios, en la puerta del curro o en la Cruz, daba igual, el sitio siempre era lo de menos.
Fiestas de Navidad. ¡Impagables! ¡Qué momentos de paz, amor y sexo salvaje! Algún día contaré lo que sucedió en los servicios de la Sala Aqualung.
Mi etapa fullera, mis peleas con el Tiñoso, mis largas conversaciones con Nidito de Pájaro, nuestras aventuras satelucas con la Irma, la Bego, el Pedri y el JC, nada, ni por esas me despidieron.
De lo malo prefiero no hablar. Me quedo con mis satelucos, con nuestros sueños y decenas de capítulos de las Historias del Satélite escritos en el puesto.
Prometo no olvidar las meriendas en la cocina de la cuarta, todos los pollos que hemos montado, las discusiones sobre series de televisión, motes para los nuevos, concursos de relatos o fiestas de cumpleaños, cenas ( o comiditas) de Navidad, ¡y las bodas, por supuesto J !
El jefe de personal puede despedirme, pero no puede impedir que siga amando el tiempo que pasé colgada de la patita del satélite, imaginando que el mundo era, y es, exactamente como un día lo quise dibujar.

S de sateluka

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